Era
un niño triste, con miedo de crecer. Crecer significaba ir
para la guerra, no volver o volver mutilado. Ese pensamiento era
un tormento. Aunque pequeño, recuerda, la presencia mas fuerte
era soñar con América, que representaba el Paraíso
de la Vida.
En la provincia
en que vivía el ruido de los aviones, recordaba permanentemente
que no había Paz. Cierto día, el ruido de los motores
dio lugar al toque alegre de las campanas. En un primer momento
se asusto. Súbitamente percibió que el grito de las
personas era de Alegría. Corrían para la plaza para
conmemorar el reestablecimiento de la Paz. Lloraba sin entender
claramente lo que sucedía. Era como si Ángeles estuviesen
anunciando la Paz.
Tiempo después,
durante el duro pos-guerra, llega en casa un hombre desconocido,
sufrido y maltratado. Era su padre que había vuelto vivo.
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